jueves, 30 de diciembre de 2010

Consejo número 4

Decir la verdad siempre es duro, pero no decirla lo es aún más. Hay que ser más sincero con uno mismo, viajar más a menudo a nuestro interior y buscar aquello que ansiamos, que realmente deseamos y luchar por ello.

Ser sincero con uno mismo es más complicado que serlo con los demás, porque tenemos miedo de hacernos daño, y darse cuenta de según qué cosas, nos asusta y nos hiere porque trunca nuestros planes y nos descoloca.

martes, 28 de diciembre de 2010

Consejo número 3

Decirle y demostrarle a alguien lo importante que es para ti y lo mucho que lo quieres , no es signo de flaqueza; es el mejor regalo que puedes hacerle a la otra persona, pero también a ti mismo.


jueves, 23 de diciembre de 2010

Consejo número 2

Hay que decir siempre lo que se piensa y se siente, no es bueno guardarse las cosas, porque quizás luego sea tarde para decirlas, porque quizás las pérdidas de nuestro silencio sean irreparables.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Demasiadas gaviotas

Un día traté de contar las gaviotas que veía pasar desde mi ventana, preparé una silla cómoda, una buena taza de café, y una cámara de fotos. Me senté decidida a pasar toda la tarde, contemplando el maravilloso día, y contando las gaviotas que pasaban cerca de mi casa....1...2...3...4...llevaba casi dos horas sentada en la silla, y sólo había visto pasar 4 gaviotas. Me sentí decepcionada, defraudada; hacía unas semanas había conocido a un chico y sin saber por qué nos pusimos a hablar de gaviotas; no tenía ningún sentido esa conversación, al igual que tampoco lo tenía el modo en que nos habíamos conocido. El caso es que estuvimos discutiendo largo rato, sobre la cantidad de gaviotas que se podrían ver desde nuestras casas (entendiendo que ambos vivíamos cerca del mar), él decía que 1000...¡alá! le dije yo...si acaso unas 100, y ya me parecían demasiadas...el caso es que apostamos a ver quién contaba más gaviotas desde su ventana. ¡4 gaviotas!, dos horas para 4 gaviotas...seguro que él no ha contado muchas más, pensé. Decidí pasar un rato más por si podía ver alguna más, y en la otra hora que permanecí allí, no divisé más de 2 gaviotas. Bueno, 6 gaviotas, a ver cuántas ha contado él...Cuando nos volvimos a ver, me dio un trozo de papel con el número 6. ¿Qué? - le dije yo. - 6 gaviotas, son las que conté aquel día- añadió él. Igual que yo, pensé. - Yo conté 6 también. Lo sé, me dijo él mientras esbozaba una sonrisa. - Las envié yo a tu casa, para que te hicieran compañía. Sí claro, le dije, y dijo que era mentira, que fue el primer número que se le ocurrió.
- ¿Y dónde irán?- me preguntó, dudé unos instantes, -mmm no sé, y mejor por qué no preguntarse a dónde no irán por ir dónde van. Y seguimos allí, discutiendo sobre gaviotas, sobre playas desiertas, sobre citas perfectas, sobre elefantes de trompas caídas...
Cuando llegué a casa, abrí el balcón para sofocarme un poco, y me quedé blanca cuando ví que había 6 gaviotas apoyadas sobre la barandilla.


Desde entonces siempre que me asomaba estaban ahí, quietas, mirándome, como si quisieran darme algún mensaje, algo que alguien trata de decirme. Ahora han dejado el balcón para meterse dentro de este blog, para hacerme recordar siempre que lo importante no es contar las gaviotas que pasan por tu ventana, sino que es mejor preocuparse por aquellas que se quedan.

--&--basma--&

jueves, 11 de noviembre de 2010

Consejo número 1

Es mejor no escribir nada cuando uno tiene el corazón y el pulso acelerados, es mejor esperar a que se enfríe la sangre y la cabeza, dejar reposar las ideas en la mente permite que éstas cojan mejor forma y mayor sentido, y así te aseguras de que lo que finalmente escribas sea todo aquello que realmente quieres contar.

martes, 14 de septiembre de 2010

pequeña criatura


Pequeña, diminuta, una ínfima partícula de polvo que al contacto con la atmósfera se convirtió en una estrella fugaz; un minúsculo grano de arena que resbalaba entre mis manos; como aquella piedrecita que suele colarse en mi zapato cuando voy andando por el camino que me conduce a casa; como esa lágrima que resbaló por la concavidad de mi mejilla y acabó muriendo entre mi regazo, junto a su mano; una milésima de segundo en que el tiempo se detuvo y pude disfrutar de aquel momento, recreándome en cada detalle, cada gesto, cada movimiento...


Imposible describir aquel sentimiento, no existe palabra en nuestra lengua, ni seguro en cualquier otro idioma, que pueda resumir en un conjunto de simples y mundanas letras, una relación de fonemas sinsentido que pueda utilizarse para etiquetar lo que sentí aquel instante en que todos mis sentidos pudieron disfrutar de aquel ansiado encuentro.



{ To M.L.P...la mia raison d'etre }

domingo, 25 de abril de 2010

Ne me quitte pas

Aquella mañana se despertó a la misma hora que todos los días, desayunó lo mismo que todos los días, se duchó y se vistió con una ropa parecida a la que se vestía todos los días.

Salió de casa, con prisa porque llegaba tarde, como casi todos los días; llegó a la estación de metro y aún faltaban 3 minutos para que pasase el siguiente metro, como todos los días. Llegó tarde a clase, como todos los días.

Comió un bocadillo de jamón de york y queso, y cogió el autobús para ir al trabajo, el 52, el mismo que cogía todos los días. Saludó a su jefe y se sentó delante del ordenador con una taza de té, de cerezas, como todos los días.

4 horas más tarde, cogió su maletín y se fue a casa, donde la esperaban su gato y su soledad, como todos los días.

Entró a la cocina, abrió el cajón y sacó el frasco de pastillas para la depresión que le había recetado su psicólogo, como todos los días...debería haber tomado una...como todos los días...pero quizás estaba cansada de que todos los días fuesen iguales...


ya nada sería como todos los días...